martes, 12 de agosto de 2008

LA PANTALLA DE LOS SUEÑOS

Esto es un fragmento perteneciente a uno de esos proyectos que de vez en cuando emprendemos y que no sabemos terminar. El proyecto data de 1999.

[...] Andrés volvía al pueblo después de mucho tiempo y todos nos alegrábamos de su regreso. Preparamos una fiesta en El Espejo para darle una sorpresa. Cada uno nos decidamos a una cosa diferente, entre las que se encontraban la preparación de confeti, acondicionar el local para la ocasión, las bebidas, y otros muchos detalles que no debían faltar. Reunimos una gran cantidad de fotos de todos nosotros y las colocamos en la pared a modo de exposición. Al ir colocando las fotos Micaela soñaba en esos tiempos pasados en los que ella misma era parte importante. Soñaba con cada una de ellas, para después colocarla en la pared. En algunas de esas fotos se podía tocar con los dedos la amistad que a todos nos unía, y en especial en una de ellas en la que nos encontrábamos todos, abrazados, en aquella excursión a Toledo.

A Micaela siempre le había gustado Andrés y por tanto su llegada para mi no era del todo grata, pero aún así era un gran amigo y había que rendirle los mejores honores. Esa fascinación de ella por él, siempre había entorpecido nuestras ya deterioradas relaciones desde el principio, y nunca conseguí su plena confianza. Ahora con su regreso, Andrés será de para ella el único...

Mi querido hermano Cío, desde lo más profundo de mis sentimientos escribo esta carta probablemente llena de torpezas y desatinos. Ayer sentí morirme desde dentro al descubrir la verdadera esencia de esta vida: el sufrimiento. La mujer a la que tanto adoraba, hasta el punto de idolatrar encontró probablemente en otro hombre lo que yo no he tenido oportunidad de demostrarle. No ha sido por falta de ganas, pero tu sabes que a mí estas cosas me gusta llevarlas con calma y sin demasiados agobios.

Han estado todo el día juntos, y yo ni siquiera he podido decirle hola. ¿Recuerdas cuando soñábamos con tocar la luna?, la veíamos tan cerca de la cumbre del monte. Corríamos hacia ella y cuanto más nos acercábamos más se alejaba ella. Cuando estábamos ya arriba, aquella impotencia de no haberlo conseguido invadía por completo nuestros cuerpos, y agotados por el esfuerzo volvíamos a casa desanimados y con las mismas ganas que demostrábamos al principio, de morir. Esa es la sensación que hoy he sentido en mi cuerpo. Ella ha roto por completo mi alma. Bien es cierto que entre nosotros solo había amistad, no creo que hubiera nada más por su parte pues lo ha demostrado. Pero tanto la he deseado que habría hecho cualquier cosa con tal de demostrarle lo que sentía por ella, y sin embargo ahora, solo me queda recordar unas palabras tuyas, rescatadas del cajón de mi memoria y que reflejan mis sentimientos en estos momentos, tristes para mí. Aquel

Quisiera mirarte, Dios,

y verte a través de los ojos de ella

y sentirte.

Sentirte como a ella la siento,

pero no puedo ahora; sentirte,

pues aún sintiéndola, no siento...

y me muero

Conocer a Dios,

¿Fue un error, o maldición?.

Sentí tu alma sin querer,

y querer sentí.

¿Placer onírico fue?.

Es misterio tu candor,

y hoy me muero

sin tú saberlo.

La vida es amarga y cruel cuando se trata de sentimientos, nos aleja de la realidad y nos traslada al más absoluto vacío. Es la impotencia elevada al máximo exponente. Esa realidad que nos encadena para después dejarnos libres en ese desierto de nuestras vidas, del que todos huimos y del que nunca conseguimos escapar. Ese desierto repleto de espejismos que convierten nuestras esperanzas en obsesiones, y también consiguen alimentarlas para después mostrarlo su crueldad, allí donde vimos agua y sombra solo hay ardiente arena. Esa calima absorbe nuestros sentimientos para convertirlos en suntuosos y apetecibles oasis, para mostrarnos después una realidad feroz que nos convierte en nuevos granos de arena para su suelo reseco y desnutrido, siendo nuestros deseo ahora su alimento.

Querido hermano, ¿has deseado alguna vez algo con tanta ansiedad que te parecía imposible el perderlo?; pues ese ha sido mi fracaso, mi alimento al desnutrido estomago de mi desierto.

Vuelvo a regar mi corazón con las lágrimas del desamor, esperando que de esta lluvia vuelvan a florecer nuevas esperanzas, nuevos deseos y nuevos sentimientos. Como ves aún no doy por perdida la batalla del amor, porque de ella han nacido nuevas esperanzas que ahora resuena en el huevo vacío de mi corazón, convirtiéndolo en un eco que se debe ir apagando, y a la vez resurgir como el ave Fénix. Pero...,

Quisiera volver a gritar de nuevo su nombre y...

pensar que solo ha sido un sueño.

Quisiera navegar por sus sentimientos y...

descubrir sus mas escondidos rincones de placer,

bucear en sus adentros,

acariciar de nuevo su piel,

saborear la miel de sus labios,

beber en las fuentes de sus ojos,

y asir sus pensamientos de deseo.

Quisiera descubrir la pureza,

la desnuda inocencia de su cuerpo,

descubrir su corazón

y escuchar en sus latidos

mi nombre y tu nombre...,

tu nombre y mi nombre...

Así, sílaba a sílaba,

y un te quiero.

Quisiera remontar sus cumbres,

coronar sus cimas y deseos,

desplegar mis emociones en su cuerpo,

rodearlo, acariciarlo, besarlo...,

sentir el calor de su sexo,

beberme sus gemidos y adorarlos,

decirle en cada verso: te amo.

Quisiera coronar su vientre,

darle vida a sus adentros,

y escuchar otros latidos..., que son nuestros.

No puedo olvidarla, no. No puedo matar su recuerdo, y suicidar mi memoria. No puedo condenar al olvido mis deseos y mi amor por ella. No puedo esconder su recuerdo en la caverna del olvido y quitarles su espacio y su tiempo. Cío, ella es la estrella, la blanca azucena del jardín, mi rosa... -Recuerdas, siempre decía que las rosas son como las mujeres; la misma belleza y forma, y cada color correspondía a sus distintas facetas, y así como el amarillo representaba la candidez y su dulzura fina, el rojo eran las pasiones, el blanco la pureza, y el rosa sus deseos. Siempre deseé tener un rosal con estos cuatro colores.- No puedo abandonar el recuerdo de ella a su suerte, porque seguiré desvaneciéndome tras sus cálidas miradas. No puedo abandonar mis armas en el camino y alejarme de ella.

Cío, triste es la realidad y duras sus consecuencias, pero en esencia hemos nacido para sufrir, cada uno desde su posición, y sabiendo que debemos seguir sufriendo, para poder realizarnos, y seguir el camino, pero ¿hacia dónde? [...]

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