jueves, 21 de agosto de 2008

Al Otro Lado Del Mundo









A las siete treinta de la tarde del martes 19 de agosto de 2008 ingresaba en la terminal T4 del aeropuerto Madrid-Barajas, las gentes deambulaban por los largos pasillos a la espera de la salida de su avión. Yo sin mucho que hacer me dediqué a fisgonear en las tiendas de dutyfree a la caza y captura de alguna ganga, que por supuesto, no llegó. También leía a ratos o paseaba. Había que hacer tiempo hasta la salida del avión. La espera no se me hizo muy larga pues conocí a dos chicos y una chica argentina, bastante enrollados, que se lo estaban pasando pipa con su guitarra y sus risas, buena gente eran estos chicos. Llegó la hora de subir al avión, y un montón de mariposas comenzaron a revolotear en mi estómago. Parecía como si hasta ese momento no me hubiera dado cuenta de lo que estaba a punto de hacer, pero en fin, después de varios cafés y algunos gintonics que me sentaron de lujo para después poder dormir, subimos al avión. La decisión que había tomado días atrás, ya no tenia retorno, a las 00:50 y con media hora de retraso el vuelo de Iberia 6831 con destino Santiago de Chile, iniciaba las maniobras de despegue, en breves momentos, nos decía el capitán por megafonía, alcanzaremos la altura de crucero y se les servirá la cena. Joder con la cena, menuda mierda, vamos igualita a las que nosotros hacemos allí, con su jamón y lomo ibéricos, sus buenos filetes de ternera ternecita que se deshace en la boca y que el señor Pp Cañizares adereza, o esos gambones al ajillo que Jose nos prepara de lujo o mismamente gambones a la plancha que para eso estoy yo. Pero en fin, que como había hambre, me la pase toda por la turmix y listo, después un cafelito y a dormir. Entre tanto conoci a mi compañero de asiento, un buen tipo malagueño con el cual estuve hablando largo rato, hasta que nos quedamos fritos como dos pescadillas. Después de catorce horas de vuelo, un dolor de cuello y de piernas impresionante, se podía divisar desde la ventanilla del avión las primeras estribaciones de los Andes, y no os podéis imaginar, algo espectacular. A las 8:10 de la mañana hora local de Santiago de Chile el avión se quedaba completamente quieto, después de varios virages "acongojantes" por no decir otra cosa tuvimos un aterrizaje muy divertido, parece ser costumbre que siempre que se toma tierra las gentes de estos países, pasajeros en los vuelos, aplauden. Fue una experiencia de lo mas divertida. Por fin estaba en Chile. Después de un periplo de unos tres cuartos de hora atravesando aduanas y controles, recogí mi maleta y salí a la calle donde me esperaban. Cogimos un taxi y nos dirigimos a un pequeño departamento muy coqueto y lindo, ya estábamos en casa, pero la cosa no quedo allí. Cuando me decido a deshacer la maleta me doy cuenta que ¡no es la mía!, era de un señor italiano, jajajajajajajajajajajajajajaj. Entre las risas y el nerviosismo, nos volvimos de nuevo al aeropuerto, donde nos atendieron amabilísimamente, porque he de decir que la gente de aquí es encantadora, supereducada y decidida a echarte una mano, cosa que percibí nada más abandonar la terminal de llegadas del aeropuerto y salir a las zonas comunes. Aproximadamente en una media hora tenia mi maleta, esta vez la buena. Después de esto un pequeño tentempié y listo para salir a conocer un poquito de Santiago que es espectacular y supergrande, ya veréis las fotos desde el cerro de San Cristobal. Una ciudad limpia y cuidada, y en la que por unos momentos me sentí como en casa y ya veréis por que lo digo en alguna foto, pues caminando caminando nos topamos de lleno con una estatua ecuestre, jajajajajajajajajajajajaj y no os podéis imaginar quien estaba allí, delante de mis ojos, Un señor llamado El Adelantado en los tiempos de la conquista de América, exactamente igual a la que existe en Almagro, fueron unos momentos de risas y para mi nostálgicos, algo maravilloso. En fin conocimos parte de Santiago de Chile, y hoy haremos mas cosas de las cuales os daré mas detalles en otro momento. Por cierto, camino de vuelta al aeropuerto a devolver y recoger mi maleta, nos montamos en un taxi friky que no os podéis imaginar, bueno si, os daré referencias para que os hagáis una idea, imaginaros al gorrilla enano de gafas de sol tan grandes como su cara que pulula por Almagro y que siempre pide tabaco, bueno, pues igual aunque dos palmos mas alto. El tio iba conduciendo hablando con nosotros con la mano derecha apollada en el reposa cabezas de su asiento, de cara nuestra, y sin mirar al frente, no tubinos mas remedio que llamarle un poco al orden hasta que definitivamente nos paramos y cogimos otro. Alucinante.






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